Querido nadie:
Hoy
la soledad ha vuelto a mi vida, y por la gran fuerza que trae, creo que
viene para quedarse por largo tiempo. He intentado hablar con ella,
pero sólo recibo silencio como respuesta. Intento mirar muy dentro de
mí, indago en el nuevo silencio que siento que me está absorbiendo y me
asusto pues cada vez me resulta más difícil sacar una sonrisa, y siento
menos fuerzas.
Tengo miedo, mucho miedo; llegando al final del
camino veo una bifurcación, no veo el final de ninguno de los dos
caminos, pero ambos comienzan con oscuridad. ¿Cuál elegir?
Las
dudas me comen, y de repente...no puedo evitarlo; las lágrimas ruedan
por mi rostro desconsoladamente y vagos recuerdos de mi pasado regresan a
mi cabeza. He vuelto a caer en un pozo profundo, oscuro… Se debilitaron
mis ilusiones, mi felicidad se esfumó, me siento como una escultura
frágil de cristal resquebrajada en mil pedacitos…
Para cualquier
persona entendida, diagnosticarían mi pena como una depresión, y por
desgracia, tendrían razón, no se confundirían.
Tuve una
depresión muy fuerte hace unos años, vi mi vida al borde de un
precipicio, todo carecía de sentido. Odiaba a la gente que me rodeaba… y
luego me odiaba a mi misma porque ellos no eran culpables.
Mucha
gente intentó ayudarme, me tendían la mano, el hombro; ponían su mejor
sonrisa a mis desprecios y aquellos que de verdad me querían no se
rindieron.
Ahora estoy consciente de todo, no comparo la
situación ni mucho menos con lo que viví, aunque todo comienza igual, y
si me dejo hundir por lo que siento, volveré a caer en la situación de
la cual me costó tanto salir. Me planteo mi vida y no sé cuál es el
siguiente paso que tengo que dar.
Sé que la solución no es
llorar, pero…Dios mío, perdóname pero tengo que hacerlo. No me desahoga
como quisiera pero al menos me hace reconocer que estoy mal, que
necesito ayuda, que necesito encontrarme con los héroes de mi pasado ya
que mis héroes presentes no me ayudan a salir adelante como necesito.
Hay alguien… un hombre que me tiene agarrada de la mano, pero a veces
afloja y siento que los dedos se me escurren…
La inseguridad se
apodera de mí y vuelvo a esconderme en mis miedos… e inesperadamente
como ahora, la soledad acampa a mi lado y me hundo en mi propio charco.
Una
vez alguien especial me enseñó una gran lección, me hizo ver que si
quiero algo solo tengo que luchar y que no tengo por qué sentirme sola,
pero a veces lo olvido…
Miro al frente… y de nuevo dos caminos. Tengo que elegir; o hundirme o luchar por vivir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario